De tu hombro percibo el perfume que se desvanece en tu cabello.
Hojeabas tu libreta donde escribías tus cuentos de niño solitario, y el lápiz pintaba el papel de palabras erróneas que intentabas subrrayar. Ciñez tu rostro cuando la imaginación se resiste a continuar soñando. Sueños falsos, palabras de un grosero, letras de un malcriado... Tus ojos estaban más pequeños desde la última vez que los ví, y tus labios delgados, como un interminable sendero de jardín, sujetaban el cigarrillo...
Tenías ese aire de hombre maduro fustrado, sobreestimado por la desdicha y esa frívola expresión que siempre tuviste en tus cejas larguchas. Me costó creer que tu piel haya envejecido tanto. Aún recuerdo que cuando tus ojos se encontraban con los míos... te miraba, y veía en tu semblante, esa luz natural que dictaba tu piel joven, y suave a la vista y al tacto. Sin embargo, esa noche creí ver que tus arrugas enmarcaban tus facciones en hondos orificios causados por el putrefacto humo de tabaco que nublaba la obscura habitación.Hasta hoy continúo con la duda; ¿habrás notado que yo estuve allí?-En ningún momento supuse haber visto en ti algún signo de preocupación o atención ante un ruido que haya causado mi estadía en el dormitorio.
Pasado mañana regresaré... aunque no creo que lo sepas, ni llegues a saberlo, espero esta vez, que estés durmiendo en tu ataúd... para quedarme en tí de una vez.
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