10/24/2011

Encendiendo cenizas

Las cenizas tiñen la alfombra, donde alguna vez durmieron nuestras sábanas.
El balcón, que se ahoga en la apatía, junto al viento que hace volar los amaneceres que un día vimos desde allí.
Y las tazas de café, que percutieron las conversaciones y las miradas… Entonces el reloj, continua su transcurso en el viaje del tiempo a través de las memorias casi muertas, hasta marcar la hora en donde la psique persuade al corazón de querer respirar sobre aquellos despojos.

10/21/2011

El hombre de la mujer

El pasto está gris. Las nubes rojas…

…Te llevaste contigo la amapola que decoraba su jardín. Desteñiste el blanco con tu lápiz labial.

El árbol seco. El mar naranjo…

… Desplomaste las hojas que le abrigaban. Secó sus lágrimas en tu pelo

El sol negro. La estrella verde

… Hurtaste la luz del sol bajo el miedo de entregarle tu amor. Aún lo observas desde muy lejos…

Huye

Que ni los pies puedan escalar el risco hasta tus ojos, porque huyo de ellos.
Y si bañas tu piel en mosqueta, pues que aquello no seduzca mi olfato, porque temo probarla.
Que las nubes cubran tu vista y desorienten tus pasos, para no percibir tu mirada ni entender tu
camino.
Vete, desaparece en la eternidad del bosque que florece en tu sombra, corre hacia donde los
cerros te abracen en su infinitud y ya mis manos no puedan devolverte, y ni mis pies ya no puedan
seguirte… Adiós.

10/09/2011

Te escucho

El velo que cubre tu piel se resiste a mi roce…

Tus hombros encogidos, como abrigando tu corazón de un miedo que se esconde tras tu palpitar.

Tus dedos esparcen mis lágrimas hasta mis mejillas, insistes en frenar su desliz hasta mis labios,

porque temes sentir el beso que pueda corroer tu olvido.

Aún me quema el fuego que encienden las llamas de tus ojos, al mirarme…

tu cuello cubierto por la bufanda que tejió tu intento de persuadirte de no extrañar mis susurros.

Así es como huyes por costumbre, aún queriendo quedarte…

Y yo, esquivando tu contradicción, escucho muy bien el lenguaje que grita tu silencio nervioso.

10/05/2011

El agua de tu río

Las horas se hacían humo en la soledad, en el vacío...
No había lugar para sentarse y sonreír por algún recuerdo, francamente, no habían recuerdos por lo cuales sonreír, ni siquiera algo que inspirara una sonrisa.
Tantos días caminé kilómetros mirando mi corazón, leyendo en él latidos de espera...
Había una esperanza que con cada cielo nublado, se opacaba... así como un rostro pálido de un infeliz. Pero en algún rincón, casi imperceptible, había algo... quizá causado por la necesidad, por el querer, por la sed.
Cuántos años sentí un frío desgarrador, sin hallar abrigo, fue durante tanto tiempo, que mi mente llora junto a mis ojos al volver la vista al pasado, y mis oídos cantan sordos cada vez que mis labios lo pronuncian...
Dentro de mí, sólo yacían árboles que despojaban sus hojas tristes, lloronas, cansadas, sin entender el sentido de su existencia. Había abismo donde nunca imaginé que el agua podía hacer germinar frutos -Sabes el nombre de esa agua?- su nombre es Amor.
Agua que humedeció la raíz del árbol hasta recorrer las ramas que pronto asomaron frutos, frutos de los más ricos, de los que el sabor conquista el gusto hasta enamorar el alma. -Sabes cómo se llaman esos frutos?- sueños y metas.
Y tú, un río poseedor de esa agua bendita, que me devolvió esperanzas cuando ya decaían en sí mismas, esperanzas que retomaron aliento en el reencuentro de dos miradas hacia un mismo camino, hacia un mismo sendero...
Nada más espero, que esa agua nunca se agote en mi sed.


Sólo sueño...

"Y todos los días sueño con que voy a encontrar a alguien, sueño, sueño...
Y... si usted supiera cuántas veces me he enamorado de ese modo.
Mis sueños son novelas, enteras."