Las cenizas tiñen la alfombra, donde alguna vez durmieron nuestras sábanas.
El balcón, que se ahoga en la apatía, junto al viento que hace volar los amaneceres que un día vimos desde allí.
Y las tazas de café, que percutieron las conversaciones y las miradas… Entonces el reloj, continua su transcurso en el viaje del tiempo a través de las memorias casi muertas, hasta marcar la hora en donde la psique persuade al corazón de querer respirar sobre aquellos despojos.
Tras las largas jornadas errando en medio del tránsito, acudo al desinteresado juicio del papel, me desnudo ante él y me muestro tal cual soy, así, sin más...
10/24/2011
Encendiendo cenizas
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