Que ni los pies puedan escalar el risco hasta tus ojos, porque huyo de ellos.
Y si bañas tu piel en mosqueta, pues que aquello no seduzca mi olfato, porque temo probarla.
Que las nubes cubran tu vista y desorienten tus pasos, para no percibir tu mirada ni entender tu
camino.
Vete, desaparece en la eternidad del bosque que florece en tu sombra, corre hacia donde los
cerros te abracen en su infinitud y ya mis manos no puedan devolverte, y ni mis pies ya no puedan
seguirte… Adiós.
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